domingo, 4 de diciembre de 2011

Acaba el año internacional de los bosques

Cuando miras el papel, una silla, o cuando te suenas los mocos (por no ser más escatológica) no sé si estás visualizando ese portento que es el árbol.

Y cuando miras un árbol, me pregunto si notas cómo te sopla bocanadas de aire, si ves todos esos seres vivos que viven en/de él ¿Presientes nuestra dependencia? ¡Y el suelo o el agua! Nada sería posible sin árboles.

Hay ejemplares espectaculares. Me encantan las higueras y algarrobos, me quedo hechizada con los pinsapos muertos, con las hojas de castaños multicolor cayendo, o las llamaradas de los caquis, las flores del barrilito o los almendros ¡y aquí hay cada ficus! ¿Cómo se sentirá una delante de un baobab?

Pues anda que eso de los injertos es cosa increíble, desde los puentes en un mismo ejemplar a la mezcla de frutales. Guau! ¡¿Qué decís de las micorrizas?! O que quizá “se comuniquen”, que la secuoya pueda vivir la friolera de 3000 años...

Oí de J. Aráujo que los árboles sujetan el cielo para que no se nos caiga sobre nuestras cabezas y que sus ramas, están así extendidas para invitarnos al abrazo. Otras de sus reflexiones:

las más de dos mil funciones que hemos ya identificado que acometen los mejores logros de la historia de la vida en el reino vegetal.

Y si alguien ha leído algo de acupuntura le resultará familiar:

Tres árboles nos crecen por dentro para hacernos crecer. Enramado y enraizado es el sistema circulatorio, sin dejar de tener tronco y ese fruto crucial al que llamamos corazón. Árboles, concretamente dos pero colocados bocabajo, son nuestros pulmones… Todavía más boscosa resulta la trama que nos hace humanos. En efecto: el chisporroteo de las ideas; la fronda de las emociones y la fertilidad de los recuerdos manan de esa copa, o nube, que es el cerebro y que luego transitan a través de un sistema que de nuevo imita a las estructuras arbóreas. Cada neurona es un árbol y todas ellas, por supuesto, son herederas e imitadoras de estructuras fractales todavía más antiguas y transcendentales. Nos referimos a las seguidas por el agua, primera fuerza creadora, tanto del bosque como de todas las criaturas, entre las que estamos.

Después de oír aquello me lancé…y bien que me reía de la gente cursi que iba abrazando árboles para “captar su energía". Pero no tenía nada que perder y, nadie me veía por las mañanas con aquel quejigo…fue un amor de verano, de esos indelebles, fugaces, inconfesables.

Os invito a que os detengáis a "reconectar" con alguno de cualquier modo. También espero haber despertado a alguien un poco más de simpatía por ellos, porque necesitan nuestra colaboración:

Modera tu consumo de cuanto derive de los árboles o los perjudique.

Que provenga de una gestión sostenible, no que por ejemplo, sustituyan todo por eucaliptos y digan que han “reforestado”.

Siembra variedades locales.

Protégelos y defiéndelos.


Y si no, ¡vendrán para vengarse! De acuerdo, si es fantasioso te dejo otra animación más realista sobre causa y efecto.


Foto: por el pilar de Tolox.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Y que dices de los cerezos en flor? y la película?

Train dijo...

Uy no, se me apareció un fauno que me dejó sin cerezas.
La maldición hace que sólo vea cerezos pelaos y mondaos, para mí se acabaron las flores y frutos, sólo queda escorbuto.

Anónimo dijo...

WTF?!! Xdddddd

Train dijo...

Náh, chalaúras de la mitología ecologista. Os dejo con Fernando Pessoa:

¿EL MISTERIO de las cosas, dónde está?
¿Dónde está que no aparece
para mostraros al menos que es misterio?
¿Qué sabe de eso el río y qué sabe el árbol?
Y yo, que no soy más que ellos ¿Qué sé de eso?
Siempre que miro las cosas y pienso en lo que los hombres
piensan de ellas,
Río como un arroyo que suena fresco entre las piedras.

Porque el único sentido oculto de las cosas
Es que no tienen ningún sentido oculto,
Es más extraño que todas las extrañezas
Y que todos los sueños de los poetas
Y los pensamientos de todos los filósofos,
Que las cosas sean realmente lo que parecen ser
Y que no haya nada que comprender.

Sí, he aquí lo que mis sentidos aprendieron solos:
Las cosas no tienen significado: tienen existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.

Aquahora dijo...

... y de la paciencia de los robles y las encinas. Las bellas encinas fuertes, resistentes, madres persiguidas de nuestros campos.

Muchas gracias por evocarme el abrazo de los árboles.

Train dijo...

Impresionante lo de los Quercus, estuve en una dehesa del sur de Badajoz este invierno y además de precioso, es increíble cómo se logró un aprovechamiento total en el pasado, pero claro, a costa de la miseria provocada por terratenientes (véase los “Santos Inocentes”).

Al parecer hoy a grandes rasgos, o se han parcelado y se degrada por buscar rentabilidad rápida, o se dejan grandes extensiones por falta de mano de obra esclava.

Este verano viví en una dehesa y por las noches era una pasada caminar por allí, tan sólo con la luz de la linterna y millones de estrellas, cruzándome con vacas y toros ¡qué experiencia! :D

Saludos Aquahora y a ver si te animas a compartir tus prácticas o pensamientos en torno al decrecimiento.

Train dijo...

Y con espanto veo cómo despedimos el año, mientras se echan flores

Otra realidad muy distinta se cierne sobre los árboles

Nada, que una ameba tiene más consciencia y conciencia...

Train dijo...

Ciberactúa

prestiti on line dijo...

tienes razòn, que triste que no tengamos presente siempre la importancia de los àrboles, lo que nos dan, lo que nos aportan a nosotros mismos y a nuestro entorno. Un abrazo y felicidades por tu blog.
Sara M.

Train dijo...

Gracias Sara, de vez en cuando se acerca gente como tú, a la que no había leído antes, es raro que quienes pasen dejen algo ecrito.
Por eso me pongo tan contenta cuando comentáis, me animas a seguir, gracias.