sábado, 4 de agosto de 2012

Certificación Participativa

Raros tiempos aquellos, en los que creía que nuestros impuestos mejoraban la sanidad, educación, reciclaje y cosas por el estilo.

Después de unas cuantas bofetadas de realidad económica y alguna charla magistral sobre certificadoras de producción ecológica me estoy radicalizando en el buen sentido de la palabra.

Antes quiero aclarar que hablaré desde la generalidad, la macroescala… sin olvidar que en mi provincia (pese a las críticas que también tienen) los mercadillos ecológicos han logrado grandes cosas, no siempre se dan aquí las situaciones que a continuación enumero.

También quiero puntualizar que en todo momento preferiré un producto ecológico certificado a uno convencional de gran superficie, pero vamos ya a profundizar por si estáis viviendo la misma evolución:

- He visitado personalmente una distribuidora de ecológicos que feliz se jactaba de estar surtiendo principalmente a la gran bestia negra: Carrefour, y el resto lo mandaba al Norte de Europa. Aquí decían que no estábamos dispuest*s a pagar esos precios. Tenían fruta latinoamericana, frutos secos africanos, licores italianos ¿eso es ecológico?

- Se ha descubierto algún campo con certificación donde explotaban mano de obra ilegal. Y es que ese sello suele limitarse al manejo, no al resto.

- Grandes multinacionales de los agroquímicos comienzan a hacer su agosto con preparados naturales permitidos por la certificadora. Es decir, el cambio en muchos casos se ha reducido a una simple sustitución de insumos manipulados por las mismas manos.

- Igualmente he visto con mis propios ojos grandes monocultivos con sello que te asegura que el alimento no contiene sustancias nocivas pero ¿qué vitalidad te aportan?¿qué sucede con la biodiversidad que promueve la agroecología de pequeña escala?

- Los sellos no pueden en muchos casos certificar determinados alimentos tradicionales en vías de desaparición. Debe constar en el catálogo oficial de variedades de la UE, es por ello que resulta más fácil vender por ejemplo una hortaliza híbrida (“estable”) cultivada de forma ecológica que un cereal antiguo local, que por cierto, prohíben expresamente que su simiente se venda entre las personas que lo cultivan.

- Bajo el pretexto de la “seguridad alimentaria” aplican la misma normativa a pequeñ*s y grandes productor*s, provocando en más de un caso la ruina de pequeñas fincas (caso de lácteos)

- En incontables casos el número de intermediari*s encarece el precio final que desalienta la compra.

- Algunas personas con poca formación se sienten abrumadas por la complejidad del papeleo y pasos a seguir cuando quieren que un logotipo asegure el buen hacer de su trabajo.

- Para mí es otro modo de CONTROL. No hay más que ver la política agrícola que más bien prioriza el negocio de gigantescas explotaciones, muchas de OGM o semillas “recetadas” por multinacionales monopolísticas. ¿Por “tu seguridad” o la suya?

Imagina un escenario ideal (pero increíblemente posible) en el que conoces a quien te proporciona tu alimento ¿le pedirías que solicite la audiencia ante una tercera persona (desconocida) para que puedas confiar en lo que comes?

Ahí está el quid de la cuestión, que no tenemos ni idea de la procedencia y tratamiento de lo que compramos. ¿No sería más respetuoso con nosotr*s y la Naturaleza una relación CERCANA? Acordar todo tipo de cuestiones desde la horizontalidad, de tú a tú.

En Málaga van floreciendo los grupos autogestionados, a modo de las AMAPS francesas se está trabajando conjuntamente, sin imposiciones externas, de gobiernos ni de quienes consumen hacia quienes producen.

Se está creando conciencia, acortando kms y sosteniendo pequeñas explotaciones que de otro modo desaparecerían.

Repito: reflexionemos sobre la necesidad de un sello, envases, control gubernamental, etc… si le has puesto cara y confianza a quien te alimenta. Al menos mientras el sistema predominante sea este, que a mí me produce arcadas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno !

http://www.fugea.be/j/communiques/291-avec-et-sans-l-afsca

Train dijo...

Bueeeno, bueno, si ya nos ponemos con la seguridad alimentaria me entran los siete males…

El otro día me decía una buena amiga (muy prosistema-propublicidad-proconsumo de cosas inservibles de “los chinos”, pero adorable a fin de cuentas) que cómo iba a vender unos huevos que no pasaran controles de calidad, sin números y letras impresas.

Le pregunté si había visto alguna vez una nave de pollos industrial de las que surten las estanterías de su gran superficie favorita, si sabía la composición de los piensos con los que las “alimentan” o los medicamentos con los que las “curan”, su promedio de vida útil, si sabía cuándo se recogieron los huevos en cuestión para hacérselos llegar.

Y por otro lado, si había visto y saboreado alguna vez la yema de uno de granja, si sus ojos han presenciado a una gallina en semilibertad por el campo escarbando aquí y allá para diversificar su nutrición…

Si la gripe aviar, vacas locas, crisis de los pepinos, etc le hacían sentir realmente que tenía esa “seguridad alimentaria”. Obviamente no se trata de ser inconscientes y crear una crisis de salmonellas, fiebres maltas y botulismos, pero por dios, nos han metido a fuego unas ideas siniestramente disparatadas. Personalmente veo que la garantía principal de cada cual es el SENTIDO COMÚN.

Y ruego a toda persona que lea esto, que pase un rato viendo y digiriendo el documental FOOD INC

http://vk.com/video_ext.php?oid=161911878&id=163332428&hash=1138b574be6e5162&hd=1